cabeza de peluquero

El cabello necesita atención. Tanto en hombres como en mujeres. Es indispensable caminar por la calle con el cabello en condiciones, ya sean personales o sociales. No importa el que dirán. Pero, en algún momento, tarde o temprano, terminamos en una peluquería.

Tengo la fortuna de que me gusta el cabello corto, de unos pocos milimetros de largo. Cuando los milimetros se transforman en centímetros, debo acudir a mi peluquero. No me agrada el pelo largo, y mi tipo de pelo no tiene las características para que sea un cabello largo y cómodo.

Hoy me tocó. Ya cargaba dos meses sin visitarlo, y unos centimetros de cabello salían de mi cráneo. Éste peluquero, es un buen tipo, tira charlas interesantes, pero su eficiencia en las tijeras y la máquina han ido desmejorando paulatinamente. Generalmente, utiliza conmigo la típica máquina eléctrica a la cual le coloca un peine del largo que yo quiero y arremata sobre mi cabeza. Pero hoy, la máquina no funcionaba del todo bien. Me propinó unos buenos "tirones", que obviamente terminaron en un llamado de atención de mi parte.

Quitó el peine de la máquina, tomó un peine de mano y, ayudándose con él, siguió el corte pedido. No fue lo mismo. No sentí una confianza sin la máquina. Y mientras me cortaba el cabello, me dijo que hacía una semana comenzó a atender mujeres.


Conclusión: Para los hombres, un peluquero que trabaja pura y exclusivamente con masculinos es mejor peluquero que uno que trabaja con hombres y mujeres al mismo tiempo.

Me compraré mi propia máquina, con un buen juego de peines para ella de distintos largos, pero con él no me corto más...
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