Me fui de Facebook y mi vida sigue...


Problemas con ciertas relaciones con personas mentirosas y traicioneras me han llevado a cerrar mi cuenta de Facebook. Así empiezo mi entrada.

Hace días vengo pensando en finalizar de una buena vez por todas mi perfil en la Red Social más intrigante y poderosa que existe hoy en día. Colocaba mis fotos, la música que escuchaba, mis artículos que encontraba interesantes en la web, veía las amistades de mi novia, celos, peleas, en fin: lo que llamamos humildemente por mi provincia como "un puterío".

Revolviendo un poco más el concepto, Facebook es una herramienta poderosa que en las manos incorrectas se convierte en una receta para el desastre en las relaciones humanas. Con ésto se pueden generar muchos planteamientos sobre el tema. Quizás basta con un ejemplo para explicarlo: es como poner Plutonio en las manos equivocadas.

Como verán, por debajo del cabezal de mi blog, ya no está más el botón que redireccionaba a mi perfil. He pensado en bloquear a las personas que nombre (las mentirosas y traicioneras), pero por otro lado no quería ser participe de que mis datos estuviesen dando vueltas por allí. ¿Qué? ¿Google a caso no lo hace? Lo más probablemente posible sea que SI: Google como herramienta de navegación, como servicio web poderoso conoce mucho de mí a través de mi cuenta de Youtube, Blogger, Picasa, por intermedio de su buscador, y por otros innumerables servicios que hoy en día alimentan mi mente cuando entro a la nube.

Pero Facebook es "raro", perspicaz, audaz y se convirtió en mi vida (por momentos) como un arma de doble filo, de esas que no sabes por donde manejar por miedo a cortarte. Hasta he imaginado a Mark Zuckerberg frotandose las manos con cada persona nueva que ingresa en el mundo de FB. Admito que he conocido gente que hasta entonces no sabía que estaban allí, que compartían mis gustos personales, con los que he llegado a tener una muy buena relación.

Facebook quedó atrás en mi vida, y no me arrepiento. Libres quedan los que conocí allí, esos que me traicionaron y que ahora sin mí, podrán hablar de pies a cabeza hacia mi persona y planearan las más altas infidelidades en contra de este humilde personaje.

Muchas preguntas me podrías hacer, pero para todas ellas tengo una respuesta única, sencilla y comprensible desde donde se la mire: en este momento de mi vida, Facebook no me sirve absolutamente para nada, y genera más problemas que soluciones a la hora de interactuar con él y con las personas involucradas.

Y mi vida sigue (o seguirá)...
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