Vendetta estudiantil


8 de la mañana. Debo gestionar la renovación de mi carnet de conducir. Espero, y espero, y espero mucho más. Llega una rubia, con escote protuberante, provocador. Lentes oficinistas, mirada amarronada de ojos grandes y punzantes. La miré forzadamente provocado por el sonido de sus tacos sobre el piso, provocando que cada persona girase para observarla. Se sienta a mi lado, esperando también. Me pregunta la hora, me pregunta si estoy esperando para la renovación, me consulta si estudié el manual del buen conductor, me hace referencia que ella no estudió nada. Respuestas secas de mi parte. Un Si, o un Tal Vez.

La miro, me mira, nos reconocemos pero sin decir nada, como si con la mirada hubiéramos entendido nuestro pasado y las miradas que tuvieron el mismo idioma en un antes que turbiamente me costaba recordar, como haciendo fuerza para memorizar un sueño viejo.

Era una bella estudiante de secundaria, hace más de 10 años. El mismo colegio, distinto curso. Se hacía la hermosa, la predilecta, una niña de una elite inalcanzable por los que salíamos de gimnasia, con nuestros equipos deportivos Zazo llenos de tierra de las corridas detrás de una pelota jugando al fútbol.

No se que pretendía esta mañana, si llamar mi atención o esperaba un simple: "¿Eras vos?". Allá ella, mire a otro lado, como saboreando esa victoria personal, intangible, invisiblemente oculta e incomprensiblemente personal. Mire a otro lado, como entendiendo que el tiempo había pasado y la vida, como un tornado que todo lo absorbe, lo eructa y lo vuelve a absorber, me daba una pobre razón en mucho tiempo.

Finalicé mi trámite. Me fui sintiendo una mirada en mi espalda y por un momento pensé: "¿Quién es ahora la persona importante?".

Hay. Si. La venganza...

Imagen CC: V for Vendetta
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